domingo, 18 de octubre de 2009

Charlie Mysterio: surfeando en technicolor


¿Aún crees en la magia?, pues bienvenido al club de los ilusos que creemos que la música nos puede hacer un poco mejores. Y la música de Charlie Mysterio debería haber obrado el milagro, pero, por desgracia, entre sus dones no tiene el madrileño Carlos Prida ese.
Siempre vuelvo a los Caramelos. Desde hace bastante tiempo son sus melodías las que me acompañan día sí, y día tambien. Tienen esa rara capacidad de arrullarte, de seguir ahí a tu lado y, es su aparerente modestia, han conseguido lo más difícil todavía: el don de la atemporalidad.
Fueron una nota a pie de página en la emergente escena "indie" española de los 90. Ellos reniegan de esa escena, nunca creyeron pertenecer a ninguna en concreto. Independencia a ultranza en melodías universales manejando un crisol de estilos (del doo wop o bubblegum al tecno de buhardilla) que los hicieron (y los hacen) únicos e irrepetibles.
Fue Juan de Pablos quien los descubrió en uno de sus conciertos y, empezó a pincharlos en su programa "Flor de Pasión". Como siempre, Juan tuvo buen olfato. Cualquier amante del pop cae rendido con estas emotivas canciones que nos hablan del lado salvaje de Errol Flynn, de citas en el Empire State con Isadora Duncan, de vivir en sitios donde nunca se para el tiempo, de jovenes ya envejecidos pero que no quieren crecer...
En el 2002, el ya extinto sello Spicnic (lo regentaba otro grande, Antonio Galvañ) editó estas 29 canciones publicadas en diferentes maquetas. En la última canción dicen: "el mundo está lleno de maldad, muy lleno de maldad, de personas que sólo piensan en odiar...yo no soy quién para juzgar pero no puedo aguantarlo más, necesito vivir feliz lejos del mar...".
Pues eso, un disco y un grupo EXTRAORDINARIO para ser eternamente feliz hasta el track 29.
Venga, a surfear conmigo!

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